Origen

Un carisma al servicio de los pobres: la historia de la Congregación de la Misión

Desde San Vicente de Paúl hasta hoy, una misión que atraviesa siglos anunciando el Evangelio a los pobres.

La Congregación de la Misión (C.M.) nació en 1625, cuando San Vicente de Paúl, movido por el acontecimiento de Folleville, fundó en París una comunidad de sacerdotes y hermanos dedicados a evangelizar a los pobres y a renovar la vida del clero. Poco después, junto a Santa Luisa de Marillac, dio origen a las Hijas de la Caridad, extendiendo así el espíritu vicentino al servicio directo de los más necesitados.

El carisma de San Vicente se consolidó tras su muerte en 1660, y pronto inspiró nuevas obras: la Sociedad de San Vicente de Paúl fundada por Federico Ozanam en 1833, y la Asociación Internacional de Caridad (AIC) en 1852, continuando la misión de amor y justicia que él había iniciado.

Durante los siglos XIX y XX, la Congregación de la Misión se expandió por el mundo: en 1852 llegó a América Latina, en 1960 a África y Asia, y en 1998 surgió el Movimiento Internacional de Jóvenes Vicentinos (MISEVI), testimonio vivo de una espiritualidad que se renueva en cada generación.

En 2025, la Congregación de la Misión celebra cuatro siglos de misión bajo el lema: “Evangelizare pauperibus misit me Dominus” —“El Señor me envió a evangelizar a los pobres”—, renovando su compromiso de seguir a Cristo evangelizador con fidelidad creativa, servicio humilde y esperanza misionera.

Las cinco virtudes:

La espiritualidad vicentina se sustenta en cinco virtudes esenciales, guía y modelo para quienes siguen el carisma de San Vicente de Paúl. Estas virtudes son:

La Congregación en números

2.909

Miembros

462

Comunidades locales

102

Países

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