Encuentro de PJV, Madrid 2022. Da luz a tu vida.

Madrid ha sido la encargada de acoger una convivencia que ha calado a más de 60 jóvenes de distintas partes de España.

De cerca o de lejos de la casa de Los Almendros, llegaban con su maleta en actitud de búsqueda, anhelando encontrar la luz que iluminase su vida.

Hijas de la Caridad, Misioneros Paúles y los asesores nacionales de JMV-España, en misión compartida, se han encargado de organizar con paciencia, dedicación y cariño un fin de semana donde Cristo fuera el centro y llenara de luz verdadera cada corazón sediento.

Con una dinámica para romper el hielo el viernes por la noche, todos y todas cruzamos miradas, pero también palabras y sonrisas que traspasaban la mascarilla. Allí nos interrogaron desde preguntas tan simples como nuestra película favorita hasta más profundas como qué luz deseábamos encontrar ese fin de semana. Luego compartimos, se presentaron los organizadores y organizadoras, y caminamos a oscuras, pero con la ayuda de una linterna que nos repartieron, a la LUZ con mayúsculas que remueve el corazón. El Santísimo expuesto esperaba allí, se hacía presente para recibirnos tras una semana complicada para unos, aburrida para otros, simple, dolorosa… Fuera como fuera, allí estaba para decirnos que nunca se ha ido y que siempre será Luz que ilumine nuestra vida, para que nosotros y nosotras podamos también brillar y alumbrar desde el Amor al mundo entero.

Al siguiente día empezamos orando también junto al Santo Sacramento, desayunamos y pudimos escuchar las formaciones de José Antonio y Sor Marisa. Por su parte, José Antonio, sacerdote, destacaba el título qué más le llenaba, ser ‘Hijo de Dios’. Además, acompañándose de la Biblia y la lectura del ciego (Jn 9, 1-41), desgranó el itinerario de la luz: necesitamos ver a Jesús para ver cómo Él e iluminar como lo hace. Luego Sor Marisa, Hija de la Caridad, destinada en Melilla, daba testimonio de la realidad que viven cientos de personas que emigran por supervivencia cada día. Entre sus palabras, una afirmación contundente: “Cada uno estamos llamados a ser luz en el mundo”.

En el mismo día también se nos invitó a vivir en silencio y reflexión en un momento de desierto, donde también se podía pedir el acompañamiento de los Misioneros e Hijas de la Caridad presentes. Transcurrido un espacio de tiempo, nos reunimos en pequeños grupos para compartir y luego crear un diálogo con Sor Marisa y José Antonio.

Por la tarde, siete personas vinculadas al carisma vicenciano dieron testimonio. Sor Trini y Sor Clara, Hijas de la Caridad, contaban cómo viven su vocación, entregándose a Dios a través del servicio a los más necesitados. “La vida es bonita si la entregamos”, declaraba Sor Trini, quien también dijo que estaban “agradecidas de estar aquí en medio del sufrimiento y la frustración” y resaltaba que “los pobres nos evangelizan”. Asimismo, Sor Clara remarcaba que estar allí ayudando a tantas personas que huyen de la miseria y enfrentan verdaderas calamidades, “merece la pena y la alegría”.

Además, participaron Gonzalo y Laura, matrimonio abierto al Amor de Dios. Ambos saben que están juntos gracias a JMV y confesaban que aunque uno quiera mirar a otro lado, “si es lo que Dios quiere, se va a cumplir”. También compartieron como, además del matrimonio, Gonzalo había comenzado el camino hacia al diaconado permanente, una decisión de ambos para seguir sirviendo a la Iglesia.

Tomó el relevo Manuel, joven seminarista de 21 años, que asegura que un 90% de su vocación se debía a JMV. Además, subrayó la importancia de la oración en la vida y como, en su caso, le ayudaba escuchar a los mayores en momentos de debilidad. También, compartió su testimonio Ana, tesorera nacional de JMV, quien “sentía que a través de lo que estaba estudiando tenía que mejorar el mundo y la vida de las personas, sobre todo, de las más vulnerables”.

Así el P. Guillermo Campuzano, Misionero Paúl, destinado en la Universidad de los Paúles de Chicago contaba como Dios le asoció desde el principio al mundo de los pobres, primero en su propia familia y luego sirviéndoles a través del carisma vicenciano. Finalmente, el encuentro terminó con una ronda de preguntas.

De noche, la oración fue a través de la música, Hakuna Music Group cantaba algunas canciones de su repertorio ayudándonos a todos a orar y celebrar el ser cristianos católicos.

El domingo, con las pilas recargadas, faltaba cerrar el fin de semana con el mayor de los regalos que nos hizo Jesús, la Eucaristía dónde el pan y el vino se convierten en su cuerpo y sangre que se entrega por nosotros. Ahora ya, sabiéndonos infinitamente amados, recibimos la luz que da la vida eterna.

Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él allanará tus sendas (Proverbios 3, 5-6).

Ricardo Rozas, C. M.

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