
El sector de la enfermería y personas mayores de la Comunidad de GP, 45, de Madrid, ha disfrutado de unos días de Ejercicios Espirituales, tres, en los que han participado casi todos los misioneros involucrados en ese sector. También han participado algunos otros misioneros de la Comunidad.
Los ha dirigido el P. Paulino Sáez, C. M. de la Comunidad de Madrid, Colmenares, de la Provincia de Zaragoza. Su lenguaje sencillo y a la vez profundo caló en los participantes. Cercano, asequible y comprometido con la realidad que la gran mayoría de los misioneros enfermos y mayores están viviendo. Evangelio y espiritualidad vicenciana, fueron aspectos en los que insistió.
Desde el primer momento nos invitó a no tener miedo a Dios porque Dios es un Padre bueno. Pero no basta con que nosotros no tengamos miedo a Dios, es necesario que nosotros no sembremos dicho miedo en otros. Para conseguirlo, todos debemos irradiar ternura evangélica y sanación. Insistió, a su vez, en la necesidad y obligación que todos los misioneros vicencianos tenemos de conocer más y mejor a Cristo para identificarnos más con él y transmitir su figura, su imagen, su palabra, su ternura, su amor para con todos y, en especial, para con los más necesitados y abandonados. ¿Cómo? Dejándonos seducir por Jesús de Nazaret y, a su vez, escuchándolo con atención e interés.
En la vida, siempre, debemos servirnos de la oración, hacerla bien. También, hacer bien las cosas que tengamos que hacer. Dios nos necesita, pero espera servirse de nosotros tan pronto nos hayamos dejado moldear por él. Sólo así actuaremos haciendo su voluntad. Dejémonos, pues, llevar, guiar, conducir por el Espíritu Santo. Somos personas muy limitadas y enfermos débiles, pero no inútiles; tenemos una misión, una tarea que realizar. No hacia fuera, sino hacia nosotros mismos: querernos bien, asistirnos bien, ayudarnos lo mejor posible. Pues, a pesar de nuestra limitaciones, enfermedades y achaques, podemos, y debemos, manifestar el amor con que Dios nos ama amándonos entre nosotros mismos, ayudándonos los unos a los otros, cuidando los unos de los otros con dulzura, con alegría, con ilusión.
ios nunca abandona a los suyos: “es gratuito, pero no superfluo”. Lo necesitamos. Hemos de convertirnos en amigos suyos, y para eso, quizás, tengamos que limpiar muchas imágenes que sobre Dios están esculpidas en nosotros. Recordemos siempre que él es misericordioso, cercano, compasivo, bondad máxima; en pocas palabras, nos da vida, nos ayuda a vivir como misioneros. Dios desea moldearnos para que seamos servidores de todos, principalmente de los pobres, Hemos de recordar siempre que estamos al servicio de la humanidad para ofrecerle la salvación que Dios le entrega.
Necesitamos al Dios que se manifestó en la persona, las palabras y las obras de Jesús de Nazaret. Pero hemos de trabajar en nosotros el Cristo que Vicente de Paúl descubrió para hacer posible la Misión y la Caridad. E, insistió el predicador: dialogad con Dios, escuchadlo con atención, confiad en él, perseverad en su servicio. Evocó, también, algunos pasajes del Evangelio, y de manera especial: las parábolas del “padre bueno” y del “buen samaritano”. Rememoró las figuras de Zaqueo y de la mujer sirio-fenicia. Y, no podía faltar, la figura de María, abierta a Dios y comprometida con su misión.
En una celebración eucarística de uno de estos días, se impartió el sacramento de la unción de enfermos. Gracias, P. Paulino, por tu entrega y tu sementera entre nosotros durante estos breves, pero densos días.
Santiago Barquín, C. M.
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