
La segunda jornada de la esta Semana de Estudios Vicencianos se ha centrado en reflexionar sobre “La fragilidad desde la fe”.
Después de compartir la oración, Francisco Martínez, Decano de la Facultad de teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, nos aproxima a la fragilidad desde una perspectiva teológica. Nos habla de cómo ya “no podemos esconder la fragilidad; porque si la escondemos, no la podemos afrontar. Cristo viene a un mundo fràgil para tocar la fragilidad que no queremos ni mirar”. También nos plantea cómo “la delicadesa es el nucleó que da sentido a la fragilidad en positivo” y cómo “el camino de la comunidad creyente es el del reconocimiento y la acogida a los otros”. Por eso, “las comunidades cristianas se convierten en comunidades de heridos y la última apertura hasta el fondo es la resurrección”.
Tras esta reflexión, el P. Óscar Muñoz, C. M. sigue ampliando los conceptos de la fragilidad desde una perspectiva teológica apoyándose en audiovisuales.
En el taller por grupos, trabajamos a través de tres dinámicas y desde una mirada personal de nuestra vida espiritual, los momentos concretos en que la fragilidad ha sido para nosotros un freno para vivir la fe y los momentos concretos en los que la propia fragilidad ha sido una ayuda para crecer y aprender. Jesús asume la fragilidad humana en la “kénosis” (el abajamiento) haciéndose uno de nosotros. En esa fragilidad, nos recuerda que se queda con nosotros en algo tan frágil y sencillo como es un trozo de pan (en la Eucaristia) y nos recuerda que también está presente en los más frágiles de la sociedad: los pobres.
Después de la comida y el descanso seguimos disfrutando de la música de Migueli dentro del contexto “Evangeliz-arte”, y escuchando el testimonio de vida de José Enrique Cid, un testimonio de superación, de cómo la fragilidad humana es un camino hacia el crecimiento personal en la fe y la superación.
Finalizamos compartiendo la Eucaristía como cierre de esta jornada.
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