Ha dado ya comienzo la novena en honor de la Virgen Milagrosa de este año 2025. Toda ella queda englobada bajo el paraguas de María, Madre de la Esperanza. El predicador, Mons. César Franco, obispo emérito de Segovia. Centrada, pues, en María Madre como dispensadora de esperanza. Ella no es la Madre (fuente) de la esperanza, pero colabora con Cristo a poner esperanza en la vida de nuestro mundo. Parece que todo el contenido de la novena tiene en cuenta la presencia bíblica de María, el mensaje de las Apariciones a santa Catalina Labouré y la Bula sobre el Jubileo de la Esperanza para este año 2025.
Día primero. 19 de noviembre de 2025. Esperando la liberación (María, Simeón y Ana). En esa realidad y necesidad, el predicador ha enfocado su exposición. Tanto María como Simón, Ana y nosotros, anhelamos con fuerza la deseada y prometida liberación. Nuestro mundo la necesita y María facilitó que se hiciera realidad al aceptar ser la Madre de Jesús.
La liturgia de la Palabra nos ha invitado a oír y a acoger la liberación que Dios anuncia y promete por medio del profeta Isaías [Is 44,1-8]. La tierra árida se volverá fecunda ya que Dios la bendice con agua viva. Lo mismo sucederá con la simiente. Dios, que es Dios, hace realidad su palabra y trae la salvación.
La acción soñada y prometida por Dios a través del profeta se hizo realidad en Jesús, el Hijo de María. Jesús Niño, en brazos de María, su Madre, llega al Templo para llevar a cabo el rescate de los primogénitos [Lc 2,21-40]. Llegan, con José, como una familia más, una familia sencilla, pobre, normal. Y casi nadie se da cuenta de lo que estaba sucediendo en ese momento. Tan solo dos ancianos salen al encuentro y anuncian quién es ese Niño, y trasladan a María la noticia de que deberá padecer un nuevo parto, cruel y doloroso.
Jesús Niño es la esperanza de sus padres. María espera la esperanza anunciada por Dios. Simeón y Ana descubren que esa esperanza no es otra que el Niño que lleva María en brazos. Por eso Simeón y Ana vieron colmada y satisfecha su vida. Contemplaron lo que otros no percibían en aquel niño. Simeón lo tuvo en sus brazos y disfrutó del momento. Ana hablaba del Niño a cuantos esperaban la liberación del pueblo de Israel. Ese Niño es la liberación hecha realidad, la salvación que ha empezado a actuar.
María tendrá que rumiar, meditar, lo que tiene que sufrir y aceptar para que su Niño sea, verdaderamente, la salvación ofrecida y realizada. Y, una vez más, lo aceptará y se pondrá a disposición de Dios.
Día segundo. 20 de noviembre de 2025. María confía y espera en su Señor (la Anunciación). María, con su “hágase” generoso y confiado nos abrió la puerta de la salvación, y esta pasó por ella y llegó hasta nosotros. Mediante su disponibilidad pronta, hizo posible que la esperanza soñada fuera una realidad tangible para nosotros. Como ella, también nosotros debemos abrirnos, mediante una confianza firme y segura, a Dios y a su palabra. De esta manera nos convertiremos en trasmisores de la esperanza de Dios.
El ser humano puede solicitar signos a Dios, pero no exigirlos. Es más, Dios mismo se nos adelanta y los ofrece; nosotros deberemos aceptarlos. Cuando nuestra fe es vacilante, solemos resistirnos a la acción liberadora de Dios. Y ese es nuestro peligro, pues Dios-está-en-medio-de nosotros [Is 7,10-14].
María es una mujer de fe simple, sincera, firme. Por eso, escucha, reflexiona, asume y se compromete [Lc 1,26-38]. Acepta ser “madre” en nombre de la humanidad. María, hija de Israel, el pueblo de las promesas, confía en Dios y en lo que él ha ofrecido a su pueblo. Y porque cree (se fía), se ofrece, se entrega para que se hagan realidad. Por eso es figura de la Iglesia, el nuevo Israel. Como dijo alguien: “Dios hace y el hombre se deja hacer”, María se dejó hacer por Dios, e hizo posible que llegara la esperanza, la redención de la humanidad.
Día tercero. 21 de noviembre de 2025. Esperando al Esperado (María e Isabel). Estamos en tiempo de espera y de esperanza. María, gestante, es portadora de Buena Noticia. En su seno lleva la Esperanza que iluminará tanto la historia como la misma humanidad. Era como el Arca, pero es el Arca de la Nueva Alianza. Y su presencia produjo la danza de los corazones, de los que vienen, de los que esperan. La criatura de Isabel danzó en su vientre. Lo mismo que hizo David al llevar a Jerusalén el Arca de la Alianza, hecho que le reprochó su esposa Mical. David le contestó: «Danzaré sin descanso ante el señor… y me rebajaré todavía más…» [2R 6,21-22].
El profeta Sofonías [3,14-18a] se dirige con cariño y ternura a Jerusalén invitándola a la fiesta porque «está viniendo el Señor». Los sinónimos “gozo” y “alegría” se acumulan en el texto. Se trata de una alegría que brota, no de los bienes materiales, sino de una relación de amor. Jerusalén no debe temer porque Dios la ama Y, como señal, elimina a sus rivales (los ídolos); le invita a volver al amor primero y constituirse en matrimonio con el Señor (Dios y la humanidad), renovado y rejuvenecido: «¡Lo hará el Señor!».
María se hace viajera, misionera [Lc 1,39-56]. Hace así posible un encuentro (de Jesús y Juan) de personas aún no nacidas. Y su presencia lleva alegría y esperanza para la familia de Isabel y para todo Israel (todo el mundo). El Espíritu Santo guía las reacciones del encuentro, tanto de los hijos como de las mujeres. El Esperado ya ha llegado, aunque aún no se ha manifestado al pueblo. Isabel lo descubre por el movimiento de su hijo en su seno, y lo anuncia. María canta agradecida las acciones siempre liberadoras de Dios.
Días cuarto y quinto. 22-23 de noviembre de 2025. Cristo es Rey de nuestra esperanza y María espera que el Reino de Dios irrumpa definitivamente. Desde el trono de la cruz, Jesús nos anuncia que estamos en el Reino si morimos cada día por los demás. En la Anunciación el ángel le había dicho a María que su hijo heredaría el trono de David, su padre, pero nadie (casi nadie) pensaba (ni quería pensar) que ese trono iba a ser el de la cruz, y que desde ella el Rey iba a pastorear al nuevo pueblo de Dios.
¿Cómo actúa Dios? A través de humanos que contemplan la realidad, no con ojos humanos, sino con ojos de Dios; los que saben, mediante el silencio y la reflexión, discernirla voluntad de Dios. Así nos lo muestran los ancianos de Israel que llegan a una alianza con David [2Sm 5,1-3]. Ellos le dicen a David: «El Señor te ha dicho: “Tú pastorearás a mi pueblo Israel”». David, pastor y rey; o mejor, reina como buen pastor.
Pablo, en el himno recogido en su carta a los colosenses, nos habla de la persona de Jesús como Cristo mediante atributos tomados de los libros sapienciales [Col 1,12-20]. Jesús es Cristo (Mesías-rey) y por ello cabeza del nuevo Israel (la Iglesia) y, en él, Dios reconcilia a toda la creación entre sí y con Dios mismo.
Al final de su vida, según los Evangelios, Jesús, reconoce, expresa y acepta el título de Mesías (Cristo-Rey. No lo entiende en la línea de triunfalista (mesianismo popular y social) sino en la línea del amor hecho servicio (Siervo de Yahvé) y que se expresa “muriendo por todos”. La Cruz es su trono, su bandera y su cayado de Buen Pastor [Lc 23,35-43]. Lucas, una vez más, cómo la ausencia de intereses personales y el reconocimiento de su propia realidad permite al ser humano descubrir la realidad de las personas según el querer de Dios. El vocerío, la envidia y el odio impiden ver, reconocer, descubrir al otro. El silencio y la reflexión ayudan a discernir mejor quién es el que está a mi lado sufriendo igual que yo, aunque es inocente. Esa fue la mirada del buen ladrón que descubre quién es Jesús, porque calla, suplica por sus verdugos y ora al Padre confiado. Y, reconociéndose pecador y justamente condenado, implora a Jesús que lo tenga en cuenta cuando llegue a su reino.
María, también, siguió los pasos del buen ladrón y se puso en las manos de su Hijo, de Dios.
Día sexto. 24 de noviembre de 2025. La Hora del Hijo (Calvario). María está, de pie, junto a la Cruz. Nuevo parto, nuevos hijos. Es la Hora definitiva de su Hijo. Y, aunque está afligida y sacudida por un dolor fortísimo, no se derrumba: es consciente de en quién ha puesto su esperanza.
Cuarta escena en el relato de la Pasión de Juan [Jn 119,25-27]. Un discípulo y tres mujeres están presentes. Jesús abre sus labios y se dirige a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Y, a continuación, se dirige al discípulo: “Hijo, ahí tienes a tu madre”. Y este la recibió como algo propio.
María y los otros son fieles a Jesús. Este les deja a su madre, y así María se convierte en la madre de sus discípulos, de la Iglesia. Esa es la Hora. Al volver al Padre, nos deja en herencia a su Madre, y nos lega, también, la Iglesia que es quien tiene que continuar su obra, hacer efectivo el Evangelio. Es el momento en el que nace una nueva humanidad, y nace con María, la nueva mujer, la nueva Eva.
Es que es la hora del Amor [Rm 8, 31b-39]. Pablo le canta al amor que tanto el Padre como cristo nos tienen. Con ese amor, lo tenemos todo; seremos así capaces de vencer al duro enemigo que nos asedia. Dios nos ha amado primero. Y ese amor ha llegado a notros a través de maría, ella lo hizo posible aceptando la maternidad: su doble maternidad. El amor de Dios es más fuerte que la muerte, porque nos ama más allá de la muerte. Dicho amor es prenda de resurrección, de vida nueva.
Día séptimo. Día 25 de noviembre de 2025. Esperando al Espíritu Santo (la misión). María, primera discípula de Jesús y madre de la Iglesia, se encuentra en medio de los discípulos de Jesús en oración y en expectación de la venida del Espíritu Santo y del envío a la misión. Este dará a la Iglesia de Jesús el impulso definitivo para ponerse en marcha, para lanzarse a los caminos del mundo llevando el evangelio. María acompañará siempre a la Iglesia en su tarea, y se convertirá en su animadora e impulsora.
Todavía los discípulos no han limpiado de sus mentes la idea del reino glorioso y preguntan por él [Hch 1,6-14]. Jesús les remite al Espíritu Santo, Cuando él venga, les impulsará a la misión. Y, en la misión, ellos irán manifestando la presencia y actualización de dicho reino. María se encuentra con ellos, como una discípula más y como una madre que va recordando las acciones del Hijo y los pasos que ella tuvo que dar para seguirlo. Todos se dedican a la oración en común y a la meditación de la Palabra de Dios: imagen inicial de las comunidades cristianas.
La presencia de la familia terrenal de Jesús le sirve a este de motivo para señalar la constitución de su nueva familia [Lc 8,19-21]. Esta nueva familia tendrá como características propias “escuchar a Dios y realizar su palabra”. María será la Madre de esa nueva familia porque supo oír y escuchar a Dios y, después, poner en práctica lo que se le había comunicado. La nueva familia de Jesús deberá sobresalir con las cualidades y actitudes que caracterizan a María, discípula y madre, madre de Jesús y de la Iglesia.
Día octavo. 26 de noviembre de 2025. María alienta la esperanza de la Iglesia peregrina. La Iglesia, pueblo en peregrinación, invoca a maría como estrella y maestra que guía hacia la esperanza y la fidelidad al Evangelio; la orienta en el rumbo adecuado mediante su testimonio e intercesión y la conduce al encuentro con su Hijo glorioso.
Los cristianos, injertado en Cristo por el bautismo, somos amados de Dios desde siempre y estamos llenos de él como santos y consagrados suyos [Ef 1,3-6]. En Cristo somos hechos hijos de Dios y estamos destinados a su salvación [Ef 1,11-12], y así ser testigos del amor y la salvación que Dios otorga a toda la humanidad.
La misericordia de Dios para con nosotros nos dispone para asistir al banquete que Dios mismo nos ofrece en los desposorios de su Hijo [Mt 25,1-13]. Pero, para poder asistir, conviene estar alerta, en vigilancia y oración que nos lleven a la acción de la caridad, aceite que alimenta nuestra lámpara en la espera. Dicho aceite es el bien hacer a los demás, tarea de la que no debemos dimitir en ningún momento. La vigilancia, mediante la oración y la actividad de las buenas obras, expresa nuestro servicio y nuestro amor. ¡Nunca deberemos dormirnos!
María es la puerta por la que pasó el Señor, y por la que nosotros somos conducidos a la vida eterna. María, con su lámpara siempre encendida, la lámpara de la disponibilidad total, intercede por nosotros permanentemente y Dios nos regala su gracia y su perdón.
Día noveno. 27 de diciembre de 2025. María, fuente de esperanza (el Evangelio de María). La Medalla, llamada Milagrosa, recoger la esperanza que el amor de Dios ha infundido en el corazón de la humanidad desde los orígenes. María está presente en esa historia de amor y salvación. Lo descubrimos en la misma Medalla.
María es mujer y madre. Junto a la cruz da a luz al Hijo y a los hijos (la humanidad [Ap 12,1-5]. Es perseguida, pero, a la vez, es protegida por Dios. Dios protege a la criatura nacida y a la madre. Y la madre ejerce su maternidad velando por sus hijos humanos.
La hostilidad del dragón (serpiente) se ceba en los hijos (descendencia) [Ap, 12,14-17]. Por eso, es necesario que la madre vele e interceda ante Dios por ellos. La Medalla nos detalla, tanto en su anverso como en su reverso, dicha protección.
En el contexto de una boda [Jn 2,1-11, María intercede por los que se encuentran necesitados y pasan apuros. Ruega y se anticipa. De alguna manera, provoca la manifestación de su Hijo. Atenta a las necesidades: «no tienen vino», invita a todos a acudir a su Hijo: «haced lo que él os diga». Como intercesora, acude a la fuente de la salvación para que las nuevas aguas de vida lleguen a los «desterrados en este valle de lágrimas». Y, así, Dios la convierte en el canal por el que llegan a la humanidad las gracias y la salvación de Dios (Jesucristo).
Último día de la novena y fiesta litúrgica de la Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa. La Basílica-Parroquia está a reventar: no hay lugar para todos: pasillos, laterales, capilla adyacente, ábside e incluso patio y pasillo entre la sacristía y la Basílica están saturados de fieles. Los confesores tuvieron todo el día un trabajo extraordinario. La devoción a María, bajo la advocación de la Medalla Milagrosa, atrae. ¡Dios sea loado!
P. Santiago Barquín, C.M.
{eventgallery event=’NOVENA2025BASLICAMILAGROSA’ attr=images mode=link max_images=8 thumb_width=50 offset=0 }


