Encuentro “Apóstoles de la Verdad”. Los Milagros-2022

Seguramente se pueden decir muchas cosas y resaltar muchos momentos de lo que la Congregación de la Misión en Europa y Oriente (CEVIM) ha vivido, compartido y celebrado desde el 29 de julio al 2 de agosto en el Santuario de Los Milagros (España).

 Las palabras que pueden describir estos días son: fraternidad, alegría, compartir, ser…, pero, sobre todo, soñar juntos como Misioneros Paúles. Muchas veces, las crónicas de los encuentros narran día a día lo que ha sucedido, de tal modo que aquellos que las leen, puedan ser, de alguna forma, partícipes de esos momentos.

Pero esta vez no puede ser así, porque sería injusto para todo lo que Dios ha hecho de grande en cada cohermano y la responsabilidad que hemos recibido ahora: cada uno, volver más lleno de Cristo a nivel personal y que esto redunde en un enriquecimiento comunitario y provincial.

Hubo oración, como inicio de cada día, ya que nos muestra el camino; hemos celebrado juntos la Santa Eucaristía, ya que nos alimenta de forma verdadera…y de ahí, desde Él, todo lo demás. No se pueden entender estos días sin esta parte esencial para nuestra vida como Misioneros Paúles (vicencianos, vicentinos, lazaristas). Diversidad de nombres como diversa es la riqueza de nuestra Congregación.

Claro que es una alegría encontrarnos de tantos países, recordar juntos otros encuentros… claro que es una alegría estar juntos y experimentar las diferentes formas de ver la vida, celebrar… pero lo que es más importante aún, hemos hablado, compartido y nos atrevemos a soñar juntos como tantas veces nos repite el P. Tomaz Mavric, C. M., Superior General.

Estos no han sido días de unos y otros por separado, han sido días de vivir y compartir como lo que somos: Misioneros Paúles del siglo XXI, que a las puertas del V siglo de nuestro carisma estamos invitados a revitalizarlo, y una de las mejores maneras para revitalizar algo, es compartiendo y dialogando; escuchando a otros, incluso cuando piensan diferente, o, mejor dicho, más aún cuando piensan de forma distinta. Atrevernos a salir de lo de siempre, para escuchar otras voces; atrevernos a que nos incomoden con propuestas; atrevernos a escuchar a los jóvenes que tienen retos y desafíos para nosotros… y dejar de mirarnos y seguirnos a nosotros mismos.

El P. Tomaz Mavric, C. M., nuestro Superior General, insistió en la importancia que se ha de dar a estos encuentros, y propuso que se realicen una vez al año con una fecha fija, de tal forma que las programaciones provinciales tengan en cuenta este encuentro que alimenta nuestro ser y nuestro sentido de pertenencia. No olvidemos que no tenemos que inventar nada, ni ser creadores de nada, solo se nos pide fidelidad a lo que está y saber leerlo a la luz de los signos de los tiempos, desde la fe. Solo así, la Congregación vivirá un nuevo Pentecostés en Europa. No estamos muertos, no estamos acabados… pero si nos falta confianza, oración, apuesta conjunta, servicio desde Cristo, evitar todo activismo y crecer en internacionalidad. Todo eso pudimos dialogarlo en una puesta en común, en la que muchos cohermanos coincidieron.

El encuentro cuyo nombre era Apóstoles de la Verdad, nos ha invitado a salir de nosotros mismos, de nuestros lugares y seguridades, y en fidelidad a Cristo, Evangelizador de los Pobres, ser portadores de esa Verdad que es el mismo Cristo, roca y pilar sobre el que construimos nuestra vida: personal, comunitaria y así, como la de nuestra Congregación.

Hemos sido cerca de 90 misioneros, entre sacerdotes, seminaristas, vocacionados… que compartiendo hemos visto que no estamos solos en nuestras Provincias canónicas, ojalá superemos esos provincialismos y nos atrevamos a levantar la cabeza, y mirar y ver, que se acerca nuestro Salvador, en aquellos que nos gritan en nuestro mundo cada vez más “globalizado”. Un mundo necesitado de misioneros que sean reconocibles y significativos, no por ser superiores, ni sentirnos privilegiados…, sino porque nos entregamos cada vez más y mejor, y eso se logra haciéndolo desde Él, en los demás, especialmente en los preferidos de Dios: los pobres, nuestro peso y dolor, nuestros amos y señores. ¡Un gran sueño, como para no compartirlo!

Días intensos, de largos viajes, de peregrinar y caminar, de superación, de incomodidades, de calor, de no entendernos siempre, por los diferentes idiomas, pero días de Dios. Nunca nadie nos dijo que la vida como misioneros fuera fácil, pero sí que nuestra vida sería y es apasionante, si la entregamos.

Cuando viene la tentación de la queja, de la crítica…, basta mirar al mundo para preguntarnos: ¿de qué me quejo? ¿qué más quiero? Si te tengo a ti, ¡oh, Salvador!

Ojalá que de este encuentro nos llevemos la necesidad de orar más, de tener una relación más profunda con el Señor, de decir que sí cada día con alegría, de gastar nuestra vida por el otro, de descentrarnos de nosotros y centrarnos en Él para salir a servir.

Demos gracias a Dios por todo, porque nos hemos encontrado y seguiremos haciéndolo, siempre y cuando cuidemos nuestra vocación, desde la libertad en el Señor, como hijos de Dios y de nuestro padre Vicente.

Gracias a cada Provincia de la CEVIM, por apostar y participar de estos días; gracias a quien propuso este encuentro y a los Visitadores y al Superior General que apoyaron de forma decidida este encuentro. Si queremos que algo salga adelante, intentémoslo, siempre será una posibilidad y oportunidad de crecer y aprender, aunque nos equivoquemos, pero intentémoslo de nuevo.

No podemos terminar estas líneas sin agradecer a la Comunidad local del Santuario de Los Milagros su apertura y disponibilidad para todo. Gracias al personal de cocina, de la tienda, de limpieza. Gracias a los que han servido en las celebraciones, enriqueciéndolas y haciéndolas más bellas. Gracias a los laicos que, con alegría y entusiasmo, han colaborado en el transcurrir de estos días.

Sin duda alguna, si hubiera faltado alguno de los que allí hemos estado, el encuentro hubiera salido y habría sido un encuentro, pero no este, ni así. Cada uno lo ha hecho especial y único.

“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Solo nos queda mirar a lo alto, remar mar adentro y vivir estos días en la cotidianeidad de nuestra vida misionera, para que nunca se apague la llama de nuestra vocación.

Ricardo Rozas, C. M.

 

 

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