
Ayer, domingo 24 de julio de este año 2022, por la tarde, falleció, en San Sebastián, Sor Juana Elizondo Leiza, Hija de la Caridad. La noticia ha impactado en muchos ambientes, comenzando por las comunidades de Hijas de la Caridad de toda España. Hace unos días que le habían operado de una cadera y no pudo superar el postoperatorio. Nació en Aranaz (Navarra) y tenía 96 años de edad y 71 años de vocación.
No es ninguna una exageración afirmar que Sor Juana Elizondo ha sido, sin ninguna duda, una de las figuras más relevantes -por no decir la más relevante- de la Compañía de las Hijas de la Caridad en el último tercio del siglo XX y en los primeros años del siglo XXI. Su visión de la Compañía, su gobierno certero y en total línea con el Concilio Vaticano II, su convencimiento de una renovación fiel a las raíces del carisma y a los nuevos tiempos, su personalidad arrolladora y cimentada en la sencillez y la humildad… han hecho de Sor Juana Elizondo una referencia obligatoria en el caminar universal de las Hijas de la Caridad.
Sor Juana Elizondo, con una magnífica preparación vicenciana y teológica, fue Consejera General desde 1974 hasta 1980; a continuación, fue Visitadora de la antigua Provincia de San Sebastián desde 1986 hasta 1991; y, finalmente, fue elegida Superiora General desde el año 1991 hasta el 2003. Cuando cesó de su servicio de Superiora General, residió en la entonces Casa Provincial, de la antigua Provincia de San Sebastián, en Villa Milagrosa-Ayete, dedicada totalmente al servicio de los pobres. Y en ese servicio ha estado hasta que las fuerzas y la salud se lo han permitido.
Siempre que he tratado con Sor Juana Elizondo -y han sido muchas veces- he apreciado en ella la cercanía, el buen humor, la escucha exquisita, la sabiduría evangélica, el realismo y una espiritualidad vicenciana de ojos abiertos.
Termino con un breve texto que pronunció en el Sínodo de los obispos sobre la Vida Consagrada, en octubre de 1994. Un texto que retrata perfectamente su talante de auténtica y verdadera Hija de la Caridad, sierva de los pobres: “Es importante acortar distancias para encontrarnos más cerca de los pobres y para que ellos no tengan dificultad en aproximarse a nosotros. Podemos crear distancias con nuestras actitudes, nuestras estructuras, nuestros modos de vida… La coherencia con nuestra vocación nos pide hacer cuanto está de nuestra parte para retirar los obstáculos que entorpezcan la marcha por el camino del acercamiento a los pobres”.
Celestino Fernández, C. M.


