Festividad y Novena en la Basílica de la Milagrosa de Madrid

La Basílica de la Medalla Milagrosa de Madrid ha vuelto a vivir uno de los momentos más significativos de todo el año: la Fiesta de la Inmaculada Virgen de la Medalla Milagrosa. Una celebración profundamente arraigada en la espiritualidad vicenciana y en el corazón de miles de fieles que acuden, año tras año, movidos por la devoción a María.

El P. Jesús María González Antón, C.M., explicó el profundo valor que este día tiene para toda la Familia Vicenciana:

“Es importante para nosotros porque esta Basílica lleva su nombre. En sus inicios era conocida como Basílica de San Vicente de Paúl e Inmaculada de la Medalla Milagrosa, pero con el tiempo el pueblo de fe ha hecho suyo el título de La Milagrosa. Eso refleja que María es primerísima en nuestra devoción y en la devoción de los fieles”.

Desde esta Basílica —recordaba— los Misioneros Paúles han extendido la devoción por todo el mundo mediante misiones y obras evangelizadoras en América, Asia y numerosos lugares donde la Virgen Milagrosa ha acompañado, protegido y animado su labor pastoral.

La devoción alcanza también a las Hijas de la Caridad y de modo especial a la Asociación de la Medalla Milagrosa, heredera directa del mensaje recibido por Santa Catalina Labouré en 1830. «A través de la Medalla —señala el P. Jesús María— la Virgen nos impulsa hacia Cristo, y nuestro camino espiritual se resume así: a Cristo por María».

Una Basílica que desborda vida y fe en el barrio

La Novena ha sido presidida por Mons. César Franco, obispo emérito de Segovia y muy unido a esta Basílica desde sus años de ministerio en Madrid. Sus celebraciones diarias a las 19:00 h han congregado un número impresionante de fieles, superando la capacidad del templo.

“No solo se llena la iglesia —relataba el padre González— también la capilla lateral, el patio exterior y los accesos. Aun con frío, la gente permanece porque siente que María escucha, acompaña y concede gracias”.

Durante estos días numerosos devotos recibieron la Medalla Milagrosa y estampas para entregar a otras personas, expandiendo así la devoción que María inspira. Se han recogido testimonios de protección, favores especiales y experiencias que los fieles consideran auténticos milagros, signo de la presencia materna de la Virgen.

Incluso los confesonarios resultaron insuficientes ante tantos penitentes que buscaron reconciliación y gracia durante la fiesta.

Un 27 de noviembre lleno de fe y devoción

La jornada concluyó con el templo repleto, un ambiente espiritual intenso y la emoción de quienes reconocen en María una Madre cercana que intercede sin cesar.
Será un día que, como cada año, permanecerá vivo en la memoria y el corazón de la Familia Vicenciana.

“Seguiremos celebrando mientras Dios quiera —concluye el P. Jesús María— porque este día es grande para nosotros, para Madrid y para todos los que aman a la Virgen Milagrosa”.

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