Ha muerto el Papa Francisco

“Debo anunciar con profundo dolor la muerte de nuestro Santo Padre Francisco. A las 7,35 de esta mañana, el Obispo de Roma, Francisco, regresó a la casa del Padre. Ha dedicado su vida entera al servicio del Señor y de su Iglesia. Nos enseñó a vivir los valores del Evangelio con fidelidad, valentía y amor universal, particularmente en favor de los más pobres y marginados. Con inmensa gratitud por su ejemplo de verdadero discípulo del Señor Jesús, encomendamos el alma del Papa Francisco al infinito amor misericordioso de Dios Trino”.

 Así anunciaba el cardenal camarlengo Kevin Farrell, junto a otros altos cargos del Vaticano, el fallecimiento del Papa Francisco. Inmediatamente después, casi todos los medios de comunicación del mundo entero -digitales, de papel, televisiones, radios- emitían programas especiales, a lo largo de todo el día, sobre el pontificado de Francisco, su vida, su trayectoria, su pensamiento, sus principales reformas eclesiales, etc. Sin duda alguna, ha sido la noticia más escrita, hablada y televisada. Y continuará siendo en días venideros.

Ciertamente, flota en el aire un sentimiento de tristeza por la muerte del Papa Francisco. Una tristeza confesada no sólo por los católicos y cristianos, sino también por agnósticos, ateos, indiferentes e increyentes. La persona, los gestos, las palabras, los escritos de Francisco habían calado con fuerza y hondura en el corazón de todos. Cuando, en los medios de comunicación, han preguntado a la gente de todo lugar y condición cómo definirían al Papa Francisco, las respuestas han coincidido en dibujar un retrato real y auténtico de Francisco: el Papa de la misericordia, de la compasión, de la ternura, de los más pobres y vulnerables, de la paz, del diálogo, de la cultura del encuentro, del buen humor, de la cercanía…

Pero también se palpa una extraordinaria corriente de agradecimiento. Porque es evidente y palpable que el Papa Francisco ha sabido poner en el centro de la Iglesia el Evangelio de Jesús de Nazaret, ha sido un modelo y un referente moral para una humanidad rota y herida, se ha mostrado como el mayor líder mundial coherente y creíble en un mundo errático por egoísmos e intereses inconfesables.

Como ha escrito el obispo de una diócesis andaluza, Francisco ha sido “un pastor valiente y evangélico, apoyado en el cayado de la misericordia. Su travesía como sucesor de Pedro ha sido un paso esencial para la escucha y el diálogo, haciendo de nuestra Iglesia un hogar de puertas abiertas”.

La historia hablará de Francisco y hará balance de su pontificado. Nosotros ahora recordamos con emoción cómo nos llamó a la alegría de la fe y nos invitó a abrir nuestros brazos a todos, todos, todos.

Celestino Fernández, C. M.

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